Era el título de una película que ví allá por los 80 que me dejó la sensación de que todo lo que hacemos es en vano. Recuerdo que salí del cine con ganas de dormirme y no despertarme más porque la sensación de desesperanza que sentí fué muy grande y eso que yo sólo tenía veintipico de años y todo "el futuro" por delante.
Despúes se me fué pasando y cada fracaso que tuve lo interpreté como un desafío que tenía que superar para poder seguir creciendo y creciendo...y ahora quisiera parar de crecer.
La verdad ya no quiero crecer más. Me iría a esconder a algún lugar lejano donde nadie me conozca, a una isla donde haya muchos viejitos pescadores que beban y fumen alrededor de una fogata y que nunca haga frío porque el frío me lastima y quizá ahí encuentre a alguno de los seres con los que tuve onda y que ya no veo como Adriana Cotero, mi amiga de la adolescencia, Francisco Chaves, mi cumpa de laburo, Martín Giménez, mi "alter ego" de Bellas artes, Elenio e Irene que creo que estan en Barcelona.
En mi corazón ellos siguen siendo tal como los recuerdo y los amo.
