Recuerdo las fiestas de mi infancia con nostalgia argentina. Esa nostalgia en blanco y negro, como una película de Angel Magaña, con mamá peinada al estilo de buenas tardes mucho gusto , siempre el infaltable pollo al horno frío y los palmitos con salsa golf, signo de bonanza económica. A los chicos en verano nos dejaban tomar sangría de vino tinto y duraznos, y puede ser que allí comenzó mi gusto por las bebidas alcoholicas, pero lo mejor eran los duraznos impregnados en vino...bien helados. A los parientes no los invitaron más porque nunca traían nada y comían de garrón. Mi viejo, amante del conflicto, se quedó sin parteneires para las inútiles discusiones acerca de política y religión, sus temas preferidos para tratar de imponer al adversario sus ideas personales: Dios no existe y Perón fué un tirano. Será por eso que me pasé la adolescencia buscando a Dios en cuanto tipo conocí y gran parte de los años posteriores tratando de averiguar quien fué Perón, y al todavía sigo tratando de entender.
La fiestas de fin de año me deprimen. Aún hoy las sigo viendo en blanco y negro como la ropa que me pongo para la ocasión. Me deprimen los adornos de navidad, especialmente esos que de tan desteñidos ya no brillan, los árbolitos artificiales que imitan a la perfección los pinos, las intermitentes lucecitas de colores y si son con música china... peor.
Pero lo que más me deprime es ver lo patético del festejo, el ritual del descorche de sidra mezclada con turrón, los inútiles cohetes que asustan a los viejitos y enloquecen a los perros, la falsas promesas de año viejo para el año nuevo, las deudas contraídas por la compra de regalos de compromiso, el olor a pólvora del aire, los muertos por choques y los heridos por pirotecnia y corchos, el incendio de Cromagnon, mis 44 años, la adolescencia perdida, Paula y José Luis, que descanse en paz.
Quisiera festejar con la luna.
No se muy bien porque, quizá por poder seguir siendo.
miércoles, diciembre 28, 2005
sábado, diciembre 03, 2005
el miedo a la libertad

Ayer nomas... el personal del colegio para el cual trabajo fué citado a una reunión con el objeto de conversar con nuestra directora de nuestra sección y allí ella personalmente nos comunicó que fué despedida por no ponerse de acuerdo con el rector general de la institución.
Inmediatamente pasó algo insólito. Gente que hasta hacía dos minutos la odiaba, se puso a llorar abrazándola. Gente que no es capaz de protestar por el despido de un colega profesor, propuso boicots a la cena de fin de año, una colega a quien yo aprecio mucho le dijo que tenía la sensación de estar "flotando en gelatina".
Yo obsevaba todo y pensaba... esta mujer que estan despidiendo, representa al poder que organiza nuestro trabajo y la mayoría de los trabajadores que están preocupados y ponen cara de circunstancia o lloran, en realidad lo hacen por ellos mismos, porque necesitan una marco de autoridad que los organize y porque no soportan siquiera estár un momento sin que algo los controle. Tienen miedo a la libertad y les pesa la incertidumbre de lo desconocido (en realidad prefieren al malo conocido que al bueno por conocer).
Esta mujer que está siendo despedida ejerció su poder sobre la mayoría de nosostros de manera brutal. Nunca tuvo tiempo para escuchar al otro. Como ser humano es detestable. Si hubiera podido ser rectora general (y trató de serlo a pesar que no calificó), hubiera sido incluso peor que el que está en este momento en la rectoría. Invadió la mayoría de los espacios sin respetar a los que ya estaban en ellos, analizó a los demás basándose en sus impulsos y prejuicios. Es liberal a ultranza al punto tal que un día me dijo que en el colegio habia personas de"izquierda" que leían página 12 que no deberían trabajar allí, apoyó la guerra de Irak porque sostenía que "a veces las guerras son necesarias".
Fué detestada por muchos de los que allí estaban teatralizando lágrimas de cocodrilo.
Pesonalmente tuve muchos problemas con y a causa de ella. No lamento en nada su partida y no creo que nadie pueda superarla en su desempeño autotitario y poco solidario. Y lamento por mis desamparados colegas que me reafirman la dialéctica del amo y del esclavo.
La historia continuará igual. Los obsecuentes de siempre se acercarán enseguida al nuevo poder tratando de obetener prestigio y ventajas. Los críticos nos mantendrmos observando y analizando mientras trabajamos haciendo lo que nos tocó hacer y el resto, esclavos sumisos, murmullarán por detrás hasta que el nuevo caiga o renuncie, para lugo volver a llorar y recomenzar el hipócrita círculo de las relaciones laborales en estos ambientes nada solidarios.
Así son las moscas...
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