domingo, diciembre 06, 2009

terminando el año...


Oscuridad total, solo cortada por una débil luz del farol de algún vecino que se filtra entre la cortina noche tras noche como un espía. Y con ella llega el miedo de quedarse solo con los pensamientos, con esa mente que piensa y piensa, por no tener abrazos que la acallen, besos que la duerman, manos que la calmen. -“Después de morir, la seguimos en otro boliche…”, me dijo una tarde cualquiera, -“claro”, le dije –“pero YO me voy primero…”


El cubo de hielo se disuelve rápidamente en el vaso, y el Jack Daniels va perdiendo consistencia…me pediste que te crea, confié, -pero VOS te fuiste primero. Dolor, mucho dolor…el dolor es lacerante y se desliza por las entrañas como una tortura sin fin que abre el pecho al medio.


En el medio de la nada, solo un grito desgarrador que surge después de escuchar una y mil veces la misma frase “hubo un accidente”.


Hoy la loca corre y corre hasta donde el corazón le aguante, como una forma de demostrarle al universo que puede vencer los miedos que acechan en los rincones.


Dios. Cuantas veces te invocamos cuando ya nada puede con la desesperanza y lo único que queda es el gatillo, la ventana, la pastilla… Dios, que se reinventa a sí mismo en cada uno de nosotros, diminutos, e imperfectos seres, incapaces de lograr vivir en armonía por culpa de Él mismo que nos dotó de una mente, maravillosa, perturbadora, oscura, brillante, que sin embargo una y otra vez nos impide ver la verdad de las cosas, lo sutil, lo transparente, lo etéreo, el alma…Yo pregunto ¿cuál fue el beneficio de hacernos creer que somos superiores a los animales, de tener una conciencia que cuanto mas conciente es, mas sufre?


Ya no queda mas hielo ni más alcohol en el vaso, bendito anestésico que permite el descanso del cuerpo y del alma. Y no quedan más palabras que compartir con los demonios y los ángeles rebeldes que se niegan a ser expulsados del paraíso y se empeñan por demostrarle al mundo su pureza de espíritu. El cielo quiere sangre, y se lleva día a día miles de corderos inocentes, sacrificados en un altar terrenal en nombre del bendito derecho a hacer cada uno lo que le viene en gana, por ejemplo, apropiarse de todo y no dejar nada mas que migajas para el resto.


Se viene la medianoche, hora de la calma. Llega el silencio y de a poco el sueño. No está lejos Catamarca, hasta allá se hacen los viajes en busca de lo último que merece ser visto. Quizás allí esta la puerta del destino y el mensaje final.


¡Tengo tanto que contarte! Las señoras gordas cada vez más preocupadas por la creciente ola de violencia, que amenaza a sus tranquilas viditas de telenovela y tuco. Los señores de traje ya no sacan confiados sus gemelos de oro por temor a los “ellos”, que amenazan en cada esquina oscura y a pleno sol también. ¿Donde estaban mientras esos pibes crecían en el reino del polvo blanco, los viajes baratos y el sushi popular?


En el hueco de tu pecho, se guardaban todos tus secretos, todos tus dolores y también toda mi esperanza. Mil noches apoye mi cabeza y me deje llevar a otros mundos. Daría cualquier cosa por verte aunque sea en un sueño, pero ya no venís más, acaso porque sabes que me despierto llorando porque todo sueño termina al abrir los ojos y quisiera que nunca más salga el sol.


Amanece. Uno a uno se apagan los faroles y el canto del zorzal corta el aire húmedo y sereno. Es hora de recuperar la conciencia y emprender el duro camino hacia el trabajo. El sol a veces sale, anuncia una jornada llena de malas noticias propagadas por los medios, porque las buenas noticias parecen no importarle a nadie. Entre las nubes, se adivina el brillo oscuro de tus ojos casi negros. Ojos de fuego que queman los últimos fragmentos de miedo que se diluyen con el día.


Extraños tiempos estos, oscilando entre el paraíso y el Apocalipsis, el tiempo no para…

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