Apurando la copa, que dice ser la última aunque ya nadie le cree, una a una van cayendo las estrellas dentro de la bolsa oscura del horizonte.
Llegando a Shangai-La, conducida por pastores sherpas, quizá ahí este él esperando, con su mágica capa de encantos con los que planea sorprenderla cada noche.
Toda la vida creyendo en la palabra empeñada, en el amor infinito, en el canto de los grillos.Aprendió de los árboles, el secreto de la paciencia y un cactus le dejó una espina clavada en lo profundo del alma.
Buscando la paz, se encontró con la guerra y el estruendo de un disparo puso cordura en su mente. Con los ojos vendados, armó y desarmó mil historias que guardaba en el hueco de su pecho, almohada tibia en las noches de invierno.
¿Dónde estará aquel que venga a acariciar el alma cuando los pájaros no canten?, ¿hay alguien como yo en esta tierra?
Mil veces preguntando y sólo el silencio.Amante de la música, única compañera fiel hecha a pedido de su espíritu, no tiene grises, sólo colores vibrantes, que se desparraman como el vino que calma la conciencia.
No siente culpas, pecados ni castigos, se hace cargo de todo, no niega nada.Es lo que es, brutalmente animal y humana.Y sigue adelante, tras la huella, tras el desierto, el destino….
sábado, diciembre 12, 2009
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