son las que se disparaban de mis ojos sin previo aviso esta mañana en el subte mientras iba a buscar ese puto certificado al Registro Civil de la calle Uruguay. Salían disparadas de mis ojos y caían vergonzosamente arriba de todos los pasajeros que me rodeaban formando una muralla de carne insensible, el vagón estaba lleno, 10 de la mañana.
No quería volver a entrar allí para no volver a traer a mi memoria las imágenes del día de la boda, patio y fotos de Simón, mi pollera ridícula, la lluvia tenaz y el almuerzo familiar.
Mi dedo tipeaba freneticamente mensajes a un amigo, quería palabras de consuelo, besos, abrazos, caricias pero apenas el sonido de los mensajes entrantes me distraía de la vorágine de dolor en la que estaba siendo arrastada. Tribunales, fin del viaje, trámite rápido, cigarrillo, subte de nuevo, Taunus en Congreso de Tucumán, casa... lágrimas para curar y llevarse consigo los restos de este duelo.
martes, agosto 28, 2007
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